Telemedicina y las redes sociales: ¿es ése el futuro de la salud?; por Julio Castro Méndez

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Mensaje en mi WhatsApp: [domingo 5:15 am] “Dr. perdone la hora, soy Fulano. Tengo dos semanas con una gripe que no se me cura. ¿Cuál antibiótico será bueno para eso? ¿Me podría mandar una foto del récipe para que me lo vendan en la farmacia?”. Correo electrónico en mi buzón: “Estimado, estoy viviendo desde hace tres años en Bogotá. Como tú has sido mi médico, te envió por e-mail los exámenes que me realicé de control anual. Y también tenía un dolor persistente y molesto en la espalda. Es para ver cómo estoy de salud. Atentamente, Fulano”.

La tecnología de la información en la palma de la mano llegó de manera intensa y la salud no es una excepción. Hoy en día, miles de millones de mensajes de texto, fotos, datos clínicos y muchos otros tipos de información pasan a través del ciberespacio. Y sin duda es algo que parece evolucionar hacia nuevos códigos de comunicación, donde la relación médico-paciente cobra importancia capital.

Parece ser un hecho que la tecnología ha ido cerrando la brecha entre los médicos y sus pacientes, pero no sin un saldo que debemos considerar. Especialistas como pediatras, ginecólogos, dermatólogos, en fin, todos reciben consultas, fotos, e-mails con información de sus pacientes por vía de chats, redes sociales o correo electrónico. Y la información es extremadamente variada e intensa, desde descripciones muy escatológicas de secreciones o fluidos, pasando por fotos de zonas complicadas, hasta largos manifiestos escritos de una variedad de síntomas, algunas veces en horas laborables (y otras no tanto).

Uno de los aspectos negativos de esta nueva forma de comunicarnos tiene que ver con que estos nuevos medios de información no vinieron con un manual de etiqueta o buenas prácticas, como otras tecnologías añejas sí tenían. Hasta hace pocos años llamar a una casa después de las nueve de la noche era algo inaudito, sólo reservado a reales emergencias. Hoy en día, con las redes y los chats, no hay hora, día ni semana apropiada. Esta nueva forma de comunicación sin códigos se ha puesto de moda, pero la pregunta es: ¿esto mejora la calidad de la atención en salud o la empeora?

Buena parte de los adelantos en tecnología de salud modernos están relacionados con la alta capacidad de compartir información, tanto por el volumen de datos y su calidad como por su alta capacidad científica. La telemedicina tiene un gran abanico de posibilidades que van desde la capacidad de hacer juicios médicos a distancia, hasta la oportunidad de educar a pacientes y personal de salud en los sitios más variados o recónditos de la humanidad a un costo bastante bajo.

Hoy tenemos la capacidad real de comunicarnos y, por lo tanto, hacer una evaluación medica a kilómetros de distancia (ojo: nunca es igual que ver a un paciente frente a frente). En innumerables ocasiones la clave diagnóstica del paciente está en su actitud, en la forma en que habla, en la temperatura de su cuerpo al examinarlo o en una pequeña marca que vemos en su piel al momento del examen clínico. Pero, a pesar de que no sea exactamente igual, hay maneras de poder hacer un juicio clínico en circunstancias específicas con la ayuda de la tecnología.

Podemos citar como ejemplo una experiencia reciente de evaluación médica a distancia. Durante la reciente epidemia de gripe H1N1 se desarrollaron algoritmos de atención telefónica que permitían discriminar aquellos pacientes que, aún teniendo diferentes etapas de la enfermedad, necesitaran de cuidados clínicos específicos. Todo a través de una entrevista telefónica con un personal entrenado. Cuando tienes una enfermedad altamente contagiosa y gran cantidad de pacientes con recursos limitados, esta forma de evaluación puede ser (y de hecho lo fue) muy eficiente. Igualmente el sistema de salud inglés ha creado una plataforma inteligente que, mediante una aplicación para teléfonos inteligentes y sin interacción humana (médico o enfermera), a través de una secuencia de preguntas se puede discernir si el enfermo requiere ayuda médica instantánea o puede retrasarla. Esta aplicación telefónica fue la más bajada del año 2013 en Reino Unido y permitió disminuir el número de consultas innecesarias en los servicios de emergencia de manera sustantiva con una inversión muy reducida.

La utilización de redes sociales ha ocupado un lugar privilegiado en la interacción de los pacientes con sus médicos. En relación con las consultas vía chat, ya sea WhatsApp, SMS, Telegram, etcétera, hay consideraciones de seguridad de la información tanto para el paciente como para el médico, además de aspectos legales y administrativos como la posibilidad de cargo monetario por estos servicios que deben ir evolucionando hacia sistemas que favorezcan al paciente, pero también hagan que el acto médico conserve su naturaleza de privacidad, confianza, seguridad y alta calidad.

Entes internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) están preocupándose por estas nuevas tecnología y su aplicabilidad en la vida diaria. No puedo dejar pasar la oportunidad para sugerir algunos consejos con la intención de mejorar esta forma de comunicación a través de estas diez simples claves:

  1. Mantenga un estricto código de etiqueta, en cuanto a horas y días de consulta vía digital.
  2. Entienda que el consejo vía electrónica nunca sustituye un acto médico.
  3. Use estos medios para preguntas simples que requieran respuestas simples.
  4. Cuide la relación con su médico como algo escaso (que en otros países no existe).
  5. Si su médico no se siente cómodo con esta vía, no lo presione: vaya a consulta.
  6. Entienda que la información que proporciona por esta vía puede no ser totalmente segura.
  7. Las consultas por vía electrónica pueden generar honorarios en algunas condiciones.
  8. Si recibe alguna indicación médica por estas vías, esté totalmente seguro de dosis, nombre de medicamento, intervalos y otras indicaciones. También esté atento a los correctores automáticos.
  9. Si no recibe respuesta en un tiempo prudencial, acuda a un médico para consulta normal.
  10. El sentido común es siempre buen consejo

Si nos preguntamos cuál es la situación de Venezuela en estos aspectos, a pesar del deterioro en la redes de comunicación formal y la calidad de Internet en nuestro país, hay iniciativas nacionales que han invertido en estos aspectos. Tanto SOS telemedicina, una iniciativa de la UCV, como el Proyecto Maniapure han sido pioneros en la teleconsulta en zonas de difícil acceso o escasos recursos humanos y materiales. Incluso algunos entes gubernamentales locales también han iniciado actividades de teleconsulta.

Frente a esta realidad, ¿seremos capaces de optimizar la atención médica con ayuda de  la tecnología, sin deteriorar la calidad de atención?

Las motivaciones de estas tecnologías son claras: cada vez hay menos recursos humanos —médicos, enfermeras, especialistas— en todo el mundo y la distribución de los recursos humanos no siempre está donde se necesita. Un ejemplo claro se encuentra en la atención a pacientes con VIH o enfermedades hepáticas crónicas como la hepatitis C o B. El tiempo necesario para entrenar a un médico de este tipo de enfermedades oscila entre los 10 y los 18 años, con todo lo que eso representa. La cifras de estas enfermedades puede llegar a varios cientos de miles de pacientes, ¿pero cómo hacemos para que esos médicos de muy alta calificación, pero escasos en número y tiempo, puedan evaluar a un paciente en el Delta del Orinoco o en la península de Araya?

Aquí es cuando la telemedicina explora nuevos paradigmas de atención que conectan la tecnología de información con la comunicación en tiempo real y podemos estar ante el umbral de nuevas formas de atención médica.

Recientemente tuvimos la oportunidad de ver desarrollos de alta tecnología. Un grupo de médicos infectólogos y especialistas en control de infecciones de California, en Estados Unidos, son capaces de atender varios centros hospitalarios (y por ende a muchos pacientes) en asesoría para el buen uso de antibióticos como apoyo a la actividad clínica de los médicos presenciales, a través de herramientas de telemedicina, usando robots que son los ojos o las manos de estos médicos que físicamente no están allí. Estas tecnologías permiten cerrar la brecha del espacio y el conocimiento y dan acceso a la ciencia a mayor cantidad de personas.

Algunas otras iniciativas menos high tech, como la utilización de podcasts o videos en YouTube han sido muy eficientes para difundir conocimientos de alto impacto en salud pública como lactancia materna, preparación de fórmulas de rehidratación oral, protocolos de cuidados pre y post operatorios en determinado tipo de pacientes. Esto ha permitido que el acceso a la información de alta calidad pueda masificarse.

Debemos aprovechar la realidad: la mayoría de las personas en el mundo poseen un teléfono celular independientemente de su estatus económico. Esto debe significar la diferencia en acceso a información, servicios y una mejor y mayor calidad de vida. Las maneras de conectar con la gente y sus problemas cotidianos con la tecnología es una tarea pendiente sobre la cual hay que mirar hacia el futuro con optimismo. Debemos ser capaces de mejorar las cifras de manejo de hipertensión arterial, control prenatal, obesidad, cáncer, y muchas otras enfermedades usando la tecnología que está en la palma de nuestras manos. El futuro ya es presente.

FUENTE: Prodavinci

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